24 jul. 2011

Amy Winehouse: 1983 - 2011



Veinticuatro horas después de que la noticia de la muerte de Amy Winehouse llenara todas las pantallas de computadores alrededor del mundo, alguien me dijo: “¿Alguna vez te ha pasado que estás escuchando a cierto artista y te gusta tanto, que te dan ganas de oír algo similar... buscas y buscas y no encuentras nada que se asemeje? Eso me pasó con Amy”. Y de cierta forma, ese comentario me hace algo de sentido. En su generación no hay ninguna intérprete con aquella intensidad, oscuridad y arrojo. Nadie con esa capacidad de transformar tanto desconsuelo en belleza.

Se erige como una figura que sirvió de inspiración para jóvenes mujeres artistas, a través de pura pasión y sangre en las venas. Siendo una heredera directa de los ritmos soul abrió la puerta a muchas compatriotas que en diferentes carriles lograron poner sus pensamientos y melodías en los oídos de fanáticos alrededor de todo el mundo. Duffy, Corinne Bailey Rae, Lily Allen, Adele, Florence Welch, La Roux, Eliza Doolittle, Ellie Goulding y Laura Marling son sólo algunas de las voces inglesas que tenían una audiencia preparada para escuchar qué tenían qué decir. Un camino cimentado por Frank (2003), el debut de Winehouse, y reforzado por los verdaderos hits de Back To Black (2006).

Toda esa vehemencia que era posible palpar en sus composiciones, nacía de la fragilidad nunca contenida y la soledad, conceptos que también eran patentes en sus canciones. 'Stronger Than Me' es parte de su primer disco, de corte confesional como la mayoría de sus creaciones. ”Tú debieras ser más fuerte que yo/ Has estado aquí siete años más que yo/ ¿No te das cuenta que tú debieras ser el hombre? (…) Siempre quieres hablarlo/ No me importa/ Siempre que estoy ahí debo consolarte/ Pero eso es lo que necesito que hagas tú/ Que acaricies mi pelo/ Porque he olvidado toda la alegría del amor joven/ Me siento como una dama, y tú un chico afeminado”, recitan sus líneas.

En un mundo donde cada vez más vale la apariencia, ella logró hacer su imagen propia muy lejana al estereotipo de mujer estrella que exige la industria. Y mientras se hacía más popular el refrito de ritmos y lugares comunes a la hora de producir artísticamente, la cantautora siempre supo hablar de amor (de los dolores y las frustraciones que el sentimiento conlleva de forma inevitable) de una manera fresca. Un céfiro gélido muchas veces, desolador, casi siempre.

El comediante Russell Brand fue cercano a Winehouse, mucho tiempo antes que la muchacha de Camden maravillara con su voz y desafiara con su impronta. El inglés publicó una columna en donde además de manifestar su cariño, se refirió a las adicciones de la cantante. “Los adictos tienen ese aire de otro lugar. Es como si buscaran a través tuyo otro lugar en el que quisieran estar (…) La prioridad de cualquier adicto es anestesiar el dolor de vivir, para facilitar el paso del día con un alivio comprado”.

Finalmente, esa anestesia fue la que se la llevó. Quizás la mecánica de componer para exhumar sus demonios ya no daba resultado, y no existían lugares confortables ni siquiera en su propia mente. Y si seguimos la lógica de Brand -con bastante inconformidad y casi a modo de consuelo- podríamos decir que con su muerte, Amy encontró aquel espacio en el que deseaba estar. Ese con el que no se topó en Londres, ni en los premios otorgados a sus obras, ni en su ex marido. Una ausencia repentina y dolorosa producto de una insatisfacción permanente. Un descontento que no pasará en vano, porque se tradujo en voz y melodías que refuerzan a las  nuevas generaciones de mujeres, que sin todo ese pesar traducido en un discurso claro y entregado de la forma más bella y elocuente posible, no tendrían la escucha de la que gozan actualmente.

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