5 jun. 2010

Jovenabuelo: Explorando Armonías


En una calurosa tarde, tuvimos la oportunidad de conversar con Ignacio Cea, guitarrista de Jovenabuelo. Uno de los proyectos musicales de factura nacional más interesantes del último tiempo.

Cuando un grupo de personas decide embarcarse en un proyecto musical, hay dos posibles resultados: pueden convertirse en un conjunto de instrumentos con intenciones dispares e independientes, sin mayor fluidez, o puede ocurrir la magia. Es decir, transformarse en una sola historia, en un cuerpo único que se mueva con total naturalidad, y que tenga el poder de absorber y transportar a quien lo oiga a los lugares y sensaciones más increíbles.


Es, quizás, la espontaneidad y el logrado trabajo de improvisación -además del destino- los que hacen que Jovenabuelo haya logrado transfigurarse en un solo artilugio. Un singular engranaje, capaz de unir lo mejor de cada uno, para entregar una experiencia completa- mente satisfactoria a los oídos.



Las piezas comienzan a juntarse a finales del año 2004, con el encuentro de Sebastián Rivera (bajo) e Ignacio Cea (guitarra). Posteriormente, Javier Nacif se integra entregando melodías a través de teclados, sintetizadores y acordeón, entre otras herramientas. El puzzle quedó armado con la llegada de Javier Hechenleitner a la batería.


Luego de poco más de dos años de haber nacido, los Jovenabuelo lanzan su debut Ya Listo Chao, en el 2007. Una propuesta distinta, apta para llenar espacios sólo a través de los instrumentos, ya que nunca se cuestionaron la necesidad de tener un vocalista.


“Al principio, era súper espontáneo. Los temas del Ya Listo Chao salieron improvisando. Igual que los nombres. Fue una creación súper inocente, sin mayores pretensiones. En un comienzo, lo más común es que salgan cosas básicas, pero cuando se desarrolla la conexión, las cosas empiezan a fluir, van progresando”, explica Ignacio.


Cartografía de sonidos


Con esta carta de presentación, protagonizada por sonidos lentos, prolongados y atrayentes, nacen nuevos cuestionamientos y caminos. Cea confiesa: “Ya no es sólo lanzarse a tocar, sino que existe una inquietud por ir cambiando y hacerlo más pulcro. Escuchando más música y llevando esas influencias a nuestra práctica”.


“La forma básica de hacer las canciones siempre se mantuvo. La improvisación es esencial, aún así fue creciendo la ambición, en el sentido musical, de querer darle más a los temas, hacerlos más cuidados”, detalla el guitarrista.


Para el cuarteto, la búsqueda de nuevos sonidos es primordial. Parte de ello también pasa por un tedio personal. “Nos aburrimos rápidamente de lo que escuchamos o de lo que se suena normalmente y, por otro lado, es una inquietud de hacer música que llevemos más allá. No somos grandes estudiosos ni instrumentistas, pero con las herramientas que tenemos tratamos de mejorarlo, darle una vuelta. Sólo notar que estás haciendo algo, distinto a lo que esperabas lograr, genera una satisfacción”, revela.


Así como creen haberse visto influenciados en su debut por bandas como Mogwai, Explosions In The Sky y Mono, sus siguientes trabajos se transforman gracias a las ansias de crear sonoridades diferentes y, a la vez, adentrarse en otros estilos para descubrir nuevas rutas.


“En el EP, 6123, las cosas cambian, por ejemplo, con influencias de Meshuggah en lo matemático, también mucho de Don Caballero. Nos fuimos por el camino de combinar métricas, cambiar pulsos, ritmos, cifras y armonías”, reconoce Ignacio.


Música Ilustrada


Con Niño Sol, su último trabajo, los Jovenabuelo dan un salto a la profundización del concepto en el material. A entregar un resultado más integro. Puede que muchos crean que tener letras y un vocalista que cuenten una historia es esencial, pero la banda decidió hacerlo a su modo. Hablar a través de la música, ilustrando sus composiciones en imágenes. La primera experiencia de esto, además del arte del disco, fue en el lanzamiento realizado en diciembre pasado.

Cea explica cómo materializaron sus canciones en unidades visuales: “Primero definimos lo que queríamos, un concepto. Nos dimos cuenta de que teníamos seis temas largos, y que no queríamos que fueran como las placas anteriores. Queríamos darle consistencia, contar algo. Comenzamos a trabajar con cuatro temas, nos juntamos con el audiovisualista y la encargada del arte del disco para darle ilustraciones a la música. Armamos un cine en la sala, íbamos tocando y viendo las imágenes, o a veces nos juntábamos sólo a verlas. Fueron seis meses de trabajo desde la grabacion hasta el lanzamiento”.


Y los resultados de esas semanas de trabajo fueron positivos. La banda recibió muy buenas críticas, tanto por su puesta en escena, como por el valor adicional que adquiría su música ilustrada.


Sin lugar a dudas, el trabajo del cuarteto ha variado pero sin perder su esencia. Para Ignacio, “Ya Listo Chao es súper dulce, 6123 es más agrio, grueso y difícil de tragar”, mientras que Niño Sol es una síntesis de sus trabajos anteriores. Cierra la primera etapa de Jovenabuelo, pero -al mismo tiempo- inicia otra. Un punto de inflexión cargado de ansias por crear a partir de otros caminos, de nuevos sonidos.


Revista Extravaganza!
Abril 2010

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