20 ene. 2012

Megaupload y la distribución de música en línea



Durante la tarde del jueves 19 de enero, se anunció que Megaupload -sitio de descargas cuyos servidores se llevaban un 4% del tráfico en Internet- fue dado de baja y que trabajadores de la empresa fueron acusados de crimen organizado, conspiración para cometer una infracción de derechos de autor y lavado de dinero.

Las reacciones frente a este hecho son diversas, sobre todo cuando hace sólo un par de días la Cámara de Representantes estadounidense retiró de discusión la Ley S.O.P.A. (Stop Online Piracy Act) por falta de consenso.


Ilustración * Catalina Bu

En términos generales, el mundo se divide entre quienes apoyan la descarga gratuita de contenidos y los que están en contra. Uno de los mayores argumentos de estos últimos se refiere a la vulnerabilidad de los derechos de autor y, obviamente, las pérdidas económicas que amontonarían.

En el caso de las obras artísticas, relacionarlas con el concepto de economía no es nada nuevo, y se remonta al nacimiento del término Industria Cultural, acuñado a mediados del siglo veinte para explicar el cambio que se estaba produciendo, tanto en la forma de producción, como en el lugar ocupado por la cultura. Estas nuevas normas de estandarización, rendimiento y división del trabajo aplicado a las creaciones, se transformaron en una gran industria que movió los hilos de todo lo que se consumía a través de los medios de comunicación hasta el día de hoy.

Específicamente, en el caso de la música, las compañías discográficas se alzaron como los gigantes controladores de la producción y -junto con la radio y la televisión- marcaron la pauta por décadas respecto a las opciones de consumo que tenían los individuos. Chile no fue la excepción.

En la década de los '90, ocurrió un fenómeno sin precedentes en el país: sellos multinacionales pusieron sus ojos en desconocidos grupos nacionales. “Que EMI sacara todos estos discos fue una situación muy fortuita, y eso ocurrió cuando llega Carlos Fonseca (mánager de Los Prisioneros, Inti Illimani, Elso Tumbay, Ana Tijoux y Manuel García, entre otros) y decide sacar, a mediados de década un compilado con lo mejor del rock de los '80 ¡y fue un boom!, vendió 25 mil unidades, sacó disco de platino y después disco de oro. Entonces el director de la compañía que en ese minuto era un italiano, dijo que 'si la gente está consumiendo música chilena, hay que darles música chilena'”, relata Carlos Salazar, actual Gerente de Producción del sello Oveja Negra, en 'Suena Desafinado', investigación realizada por Valeria Solís.

Fue así como las condiciones del mercado dictaron los pasos a seguir. Luego de la movida de EMI, Warner y Sony se sumaron a la tendencia. En 1993, Universal Publishing aparece en el país con el nombre de Polygram Music Chile y recluta a artistas tan diversos como Pablo Herrera y La Ley.

Cuando estas empresas ya estaban asentadas en el país, llegó la crisis del disco y en Chile la situación se volvió desastroza, ya que además de la reducción de personal y oficinas, estas corporaciones dejaron de trabajar con los artistas criollos. “El peak fueron 12 millones de discos al año”, cuenta Tulio Bagnara, gerente de marketing de EMI Chile. “Hoy el total de compactos que se venden apenas se acerca a los 4 millones, y si antes cada sello empleaba a unas 40 personas, hoy el personal no supera los 7”, reveló el funcionario en una entrevista al Mercurio en el año 2008.

Denisse Malebrán, cantante, ex vocalista del grupo Saiko y, además, ex secretaria de la Sociedad de Derecho de Autor (SCD) fue una de las últimas figuras que trabajó con una multinacional cuando aún no llegaba la crisis. En 'Suena Desafinado', la artista declara: “hice un primer disco el año 1999, que significó poder ir a mezclar a Alemania, lo cual hoy en día es algo impensable. El sello tomaba a un artista como contratación y le pagaba todo, pero después el pago por regalías se veía muy disminuido, nunca superaba un 6% o 10%. Recuerdo haber hecho videoclips, donde cada uno no bajaba de los 5 millones de pesos en gastos e hice hartos... trabajaba en una industria donde sí había plata, pero para cosas erróneas, porque había para mandarte de viaje, como el segundo disco, que lo hice en Los Ángeles, California ¡entero, entero! Estuve viviendo dos meses allá y me pagaron todo. Y uno dice sí, ¿cambia en algo que se grabe allá? Puede ser, pero la tecnología hoy te dice que no, porque puedes hacer un disco en tu casa y sonar tan bien como un disco grabado en Alemania, el punto tiene que ver con esta vieja escuela de la opulencia, de querer demostrar que hay más plata y, por lo tanto, que el disco brillara más, pero es erróneo, porque la plata tendría que haber estado destinada a mandarte a regiones para promocionar tu trabajo”.

Bajo este panorama es preciso preguntar ¿qué tan protegidos económicamente se encontraban los artistas manejados por las multinacionales? ¿Ese sistema resguardaba aún más -económicamente- el valor de las obras y su autoría que el actual?



El desarrollo de las nuevas tecnologías, el nacimiento de plataformas como Napster o los programas de intercambio P2P revolucionaron la industria y cambiaron, además de la cadena productiva, la forma en que los usuarios de Internet consumían la música. A continuación, dos testimonios de artistas y uno de un ex director radial, acerca de la relación entre la música y la red, plasmados en 'Suena Desafinado'.

“Me encanta (Internet), me mandan música y yo puedo grabar desde mi casa para un disco que estoy vendiendo en Japón ¡cómo no va a ser fascinante! Por eso al artista le digo “reinvéntate, necesitas reinventarte (…) Me acuerdo cuando yo decía, 'yo con la música digital nada, pero hoy se pueden saltar los sellos (discográficos) con los avances tecnológicos”, afirma Joe Vasconcellos.

“...el cometa Internet cayó con violencia. Ya no es un tema para ricos como el punto com del '98, porque ahora la gente se tomó Internet, están escuchando música aquí y las audiencias (de radios) juveniles han decrecido enormemente, ya sea por el mp3 o porque están conectados a la red. Internet viene a complementar a las radios, pero la gran revolución es que las radios comprendan -y no solamente las radios- sino los artistas entiendan, que la difusión no está centralizada. Hay bandas que se han dado cuenta de eso y te mandan la informacipon a través de Facebook o suben sus videos a Youtube (…) Hay un paradigma comunicacional que me interesa, que es mirar desde el ámbito red y comunidad, lo de hoy es: yo escucho lo que quiero, como quiero y cuando quiero. Por cada usuario que sale del segmento juvenil hoy día, no se reemplaza por otro en la radio, los de 15 (años) no están entrando a la radio, porque nacieron con módem”, revela Javier Sanfeliú.

“Antes de subir las canciones (propias) yo había escrito que bajar música en Internet no es gratis. La idea es paradigmática. Yo dije 'tengo 15 discos grabados, 12 de ellos no son míos, porque los sellos son dueños de los fonogramas, por lo tanto, de los 3 últimos discos yo soy dueño, yo los produje y los subí a Internet y puse que es una licencia para uso privado'. Mi mensaje es “bájala, haz 10 copias para tu familia”, pero paralelamente, me puse a decir que esto no es gratis. Yo no renuncié a mi derecho de autor, sino que quiero poner a disposición mi música. No hay ningún músico que quiera guardar su música en un cajón; lo que hice fue casi una metáfora... yo la subo y quiero que la bajes sin que sientas que la estás robando, pero ¡ojo, que le pagas a un otro para hacerlo!”, explica Fernando Ubiergo.

Quizás las preguntas fundamentales sobre este tema debieran ser ¿quiénes son los que realmente se beneficiarían al existir un control absoluto sobre las descargas de música en Internet? ¿Es este el último recurso del que se aferra la agonizante industria discográfica? ¿El discurso de protección a los artistas no es más que un velo políticamente correcto para volver a generar las utilidades que alguna vez generaron estas empresas? Juzgue y debata.

5 comentarios:

Montesquieu dijo...

Sabes lo que pasa, Javiera, es que siento que la pregunta queda corta, porque las variables que están en juego ahora son distintas, porque hace un par de años el escenario es distinto. El "do it yourself" está instaladísimo hace unos cuantos años en Chile. Imagínate que para una población de 17 millones de sujetos, existen unos 50 sellos independientes activos, punzantes, y que producen discos con cierta regularidad.
Según yo, la pregunta es: ¿están dispuestos los artistas y músicos chilenos (sobre todo los que se afanan en querer seguir con los métodos piratas del viejo mainstream)en entender su obra como un producto sujeto a otras formas de distribución?
Desde la libertad creativa hasta la posibilidad de facturar por tocatas son parte del rango de acción de estos Chancho en Piedra, de estos Vásquez, de estos Miriam Hernández, de estos Lucybellius.
Las reglas cambiaron y por más que unos cenetas gringos pretendan matar las plataformas de descarga gratuita, el público que consume ya dio su última pálabra. Solo les queda a los creadores bien entender las nuevas formas de consumo de su obra.
Saludazos!

Javiera dijo...

Hola! Te me adelantaste haha, porque mi intención era escribir una próxima entrada instalando aquella pregunta que acabas de hacer. No lo hice de inmediato porque, en este caso, las entrevistas quiero hacerlas yo.
Eso sí, creo que tu lógica está súper bien encaminada. Hay diferentes actores y preguntas, en cuanto a los artistas, creo que la que acabas de hacer tú es muy pertinente.
Saludos!

Carlos Montes dijo...

Qué bueno que quieras abordar el tema desde la mirada de los músicos.
Personalmente, estoy en una investigación sobre sellos independientes y formas de autogestión en Chile. Si necesitas algo de material que pueda ayudarte, cuenta con ello.
Saludotes!

Javiera dijo...

Hola Carlos, me gustaría mucho leer tu investigación o parte de ella ¿Está en línea?
Saludos.

Carlos Montes dijo...

La investigación está en proceso y es la tesis de un magíster que estoy concluyendo, pero si necesitas conversar sobre algo o tener acceso a algún aspecto bibliográfico relacionado con el tema, no dudes en consultar.

"Que el dato ande libre"

Saludos!