23 feb. 2012

Sobre cosas que me han pasado



En mi oficina existe un estante en el cual todos depositamos libros para que otros lean, a modo de biblioteca comunitaria. Como el martes pasado yo hacía un viaje corto a la playa a ver a mi familia, me acerqué a buscar un libro que me acompañara en el trayecto y en las mañanas de playa. 'Sobre cosas que me han pasado', llegó a mis manos. De tapa negra, pocas páginas y de autor desconocido para mí. Perfecto. Lo llevé y nos hicimos amigos. 

Las páginas hablan -como un diario de vida- de cosas que el autor ve y le pasan, con un ojo descriptivo casi clínico, que a veces, incluso, da la impresión de haber sido un proyecto que se realizó de manera consciente de esa manera, dejando de lado ese cariz casi de fluir de la conciencia que tienen los cuadernos personales. No abandona nunca su papel de espectador de situaciones cotidianas, contando lo que ve sin la necesidad de decirlo por un hecho en particular, sino, por el hecho en sí mismo. 

Marcelo Matthey, su autor, hace un inventario de sus días, de imágenes corrientes, sin mayor ambición y que produjo -al menos en mí- la necesidad de descubrir el enigma en el que ese narrador se convierte. Pasadas varias páginas de texto, mi mente se vio en la obligación de construir una historia sobre esa voz en paralelo, a partir de los pocos datos que es posible capturar en sus letras. Sentí la necesidad de llenar esos espacios de la vida de un personaje que se me presentó como un acertijo, pero -y esto es importante- jamás con la meta de querer atar cabos sueltos. Porque no hay ninguno.

Estamos acostumbrados a la espectacularidad, a vivir de clímax en clímax sin parar. A pasar rápido de una historia importante a otra, con razones significativas e iguales consecuencias. Matthey sólo da cuenta de reflexiones corrientes, pero no por eso menos sustanciales. 

El autor me hace pensar en que la propia existencia ya es lo suficientemente trascendental, espectacular y construida en base a demasiados fundamentos desconocidos, como para centrarse, aunque sea sólo un momento, en ella. 

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